Esas manos callosas

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Creado: Jueves, 11 Julio 2019 00:06
Publicado: Jueves, 11 Julio 2019 00:06
Escrito por Jesús Alvarez López
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A los niños debiera enseñárseles a leer en esta frase: La agricultura es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza", escribió José Martí y en otro contexto señaló que el mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor de tierra. Quien que no haya estrechado con gozo como él las manos callosas de los hombres y mujeres del campo, no puede hablar sobre ellos con el corazón. El rostro de los precios del mercado agropecuario no puede simplificar el sudor derramado y los esfuerzos. Porque todavía a pesar del talento de los innovadores no ha surgido una guataca eléctrica, que yo tenga noticias. Hierbicidas si, pero dañan el entorno y ya sabemos como debemos cuidar nuestro ecosistema para ver si un día vuelven a poblarse nuestros campos de cotorritas y otros seres vivos para asegurar la biodiversidad y controlar de modo natural plagas dañinas.

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El hogar campesino dio vivencias a mi niñez imposibles de borrar. Vi un molino de piedra moler el maíz de madrugada, y cuando el sol se dejaba ver en el horizonte ya la azada debía llevar un rato sobre el surco. Un intervalo a media mañana para amarrar los cerdos a la sombra y el regreso al campo hasta no menos de las 12. Todavía se recuerdan las palabras imperativas del abuelo no exentas de humor al mediodía. Vayan pilando el arroz de la comida mientras descansan.. Hablaba de descascarar el cereal a mano en un pilón, y no es prehistoria, no hace tanto tiempo. La tarde siempre se aprovechó mientras el sol lo permitía y la noche no era para descansar hasta tanto no se alimentaran los cerdos. Esta fue siempre la rutina de cualquier familia campesina. Estudia hijo, para que no pases el trabajo que yo pasé, dijeron nuestros padres al unísono como puestos de acuerdo, tras el enero victorioso y les tomamos la palabra. Con tanta juventud que hace falta en los campos. Por ahí andamos todos médicos, ingenieros, licenciados, periodistas, que bien. A todos nos encanta un día de recreo en la campiña. Pero lo respetamos más, estoy seguro que aquel que no ha compartido el sacrificio de labrar la tierra. Que bien sería instruir a la gente sobre estas cosas, para que conozcan que no es fácil ver a una semilla convertirse en un producto en el mercado. Yo tengo el privilegio de conocerlo. Por eso, seguiré estrechando con gozo esas manos callosas, que le extraen los frutos a la tierra.