Soy de los que cojo el machete en la mano y chapeo lo que me corresponde y más. Reconozco que hay indisciplina social, pero hay extensa áreas convertidas en selvas de marabú, desde la propia entrada que solo se soluciona con equipos pesados y soluciones duraderas que garanticen además su funcionalidad. Las empresas que tienen en su objeto social el asunto siguen ausentes durante años. Solo le pasan por encima a los parterres y lo de alrededor nadie lo ve. No desorillan. Nadie controla, mientras el presupuesto del estado se dilapida para pagar la chapuceria y la falta de cultura del detalle, lo que también estimula la socorrida indisciplina social.