Dueños de todo.

Escrito por: Martha Abelina Hernádez.

Hay quienes se apropian de todo lo que pueden, un fuerte sentido de pertenencia les distingue entre sus iguales.

No importa donde vivan, ni el grado de instrucción que tengan, poco a poco ante el menor descuido de las autoridades competentes, llegan toman, rompen, ponen, en fin se hacen dueño de lo que necesitan sin mirar hacia los lados.

Un ejemplo, y o es el único, es la calle Bonifacio Martínez, en Santa Clara, allí en la pequeña vía que apenas tiene una cuadra de largo, aparecen cortes que la atraviesan, nadie sabe que es ni como sucedió.

Para muchos son “algunos vecinos” que mejoran sus redes de abasto de agua, pero son muchos los que dicen que no tienen ni idea.

La realidad es que allí están las pequeñas zanjas que cortan toda la calle, y con una pequeña observación se puede apreciar una tubería debajo.

Similar situación sucede cuando se abre un pozo, la buena voluntad de los vecinos, permite, en ocasiones, que quienes viven cerca también se satisfagan con el agua subterránea, así aparece como por arte de magia la tubería que lleva el líquido a otras viviendas.

Y ni que decir de aquellos con ojos escrutadores, buscan y encuentran las conductoras, las perforan y se conecta desde allí, así les llega con mayor potencia.

¿Nadie lo ve? El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, en Cuba, hace ingentes esfuerzos por llevar el agua a todos los sitios, las reparaciones que se realizan en el país, suman cuantiosas cifras, pero la desidia humana atenta contra lo bien hechos, ¿entonces qué hacer?

Algunas personas consideran que las multas por estas indisciplinas son muy bajas, tomando en cuenta la envergadura del daño que generan, otros dicen que las autoridades competentes no hacen nada, y no faltan aquellos que aseguran que si el agua que llega a su casa no tiene la fuerza e intensidad necesaria, pues la busca donde este y la pone.

AL INRH cuenta con una red de inspectores encargados de esta labor, pero como controlar lo que sucede cuando ellos no están y los testigos vuelven la cara hacia el otro lado.

La realidad demuestra que ni un millón de inspectores puede velar por esta situación.  El asunto es otro y debe ser tomado en cuenta por todos.

Nadie tiene derecho de asumir como propio los bienes sociales, y el agua es uno de ellos, no existe justificación para romper las vías que pertenecen a una ciudad y son de uso público, esas infracciones, indisciplinas, o como se les quiera llamar no se pueden permitir, pero la solución está dentro de la misma comunidad.

Porque cuando esto sucede, entonces otros vecinos sufren las consecuencias, y allí comienzan los reclamos a las entidades gubernamentales, porque el agua no llega o la presión es tan poca que apenas sube a los grifos colocados cerca del suelo.

Allí entonces aparece de nuevo el estado cubano para solucionar el problema, vuelven de nuevo a gastar dinero, recursos y horas de trabajo, para rehacer lo ya hecho.

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